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"Moby Dick".

Buenas de nuevo.


El verano se acaba. Con el fin de esos días luminosos y cálidos que nos han acompañado hasta ahora, también se cierra el capítulo de las lecturas veraniegas que, al menos en mi caso, tanto han enriquecido unas jornadas que recordaré siempre con gratitud y cierta nostalgia. Llega el otoño: el regreso a las rutinas laborales, los días cortos, las noches largas, los primeros fríos. Abriremos, entonces, el capítulo de las lecturas otoñales en la próxima entrada de este blog.

Pero, en ésta, hablaré de uno de los clásicos indiscutibles de la literatura universal de todos los tiempos: "Moby Dick", del estadounidense Herman Melville.

La lectura del magnum opus de Melville, escrito en poco más de un año, es una continua fuente de inspiración para escritores y lectores de todas las generaciones, que han visto, en las desquiciadas aventuras marinas del capitán Ahab y la tripulación del Pequod en su búsqueda de la mítica ballena blanca, una narración poliédrica: historia de una venganza, estudio de la psicología humana, una enciclopedia sobre el reino de las ballenas, un extraordinario y extenso cuento terrorífico, un brillantísimo y poderoso ejercicio de estilo literario... Son muchas las interpretaciones que podemos darle a "Moby Dick", y todas se ajustan perfectamente a él.

Sin embargo, la sorprendente y nada convencional "estructura" (si es que, en realidad, la tiene: un lector un poco avisado podría deducir que puede no haber tal estructura) de "Moby Dick", sus continuas digresiones, que apartan el hilo de la historia casi continuamente, hacen que un lector medio se pierda entre vericuetos que no parecen llevarle a ninguna parte, y encontrarse con una lectura interminable y soporífera. En efecto, "Moby Dick" es un libro ante el que hay que armarse de una notable paciencia (como si leyéramos alguna de las alambicadas y morosas páginas del gran Marcel Proust) e ir poquito a poco con él. El resultado que nos dejará es el de habernos encontrado con una experiencia lectora única, inconmensurable y vertiginosa.

"Moby Dick" no gozó de éxito comercial en su momento, quedando relegada (como casi toda la obra de su autor) a un injustificado olvido que no se mitigó con la muerte del genial novelista estadounidense a finales del siglo XIX. Como ocurre con muchas obras maestras, no fue hasta algunos años después cuando la novela marina de Melville emergió de sus profundidades para consolidarse como uno de los libros imprescindibles en la historia de la literatura universal, aupando al escritor neoyorquino a las alturas de la inmortalidad.

Hasta la próxima.

 

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